¿No a la tala?
Hace una semana, proclamaba yo a pie de artículo en este blog eso que la Baronesa Thyssen ha puesto tan de moda este verano: NO A LA TALA!. Grito de guerra que me ha acompañado todo el verano, y con el que nos hemos partido de la risa en mil ocasiones...Mi mosquetera currucucu, gritaba esa frase sin venir a cuento en momentos alegres o incómodos…y al final, terminamos haciéndola nuestra, llegando incluso a contestar el teléfono con la famosa frasecita.
El cualquier caso, anoche no pude unirme al grito de la Baronesa. Cogí el coche para ir a ver a mi amigos “Ludwig” y al “Amante de las sandalias”, cuando de repente, en mitad de una pequeña calle cercana a mi casa, veo que un árbol se avalancha sobre mí. Gracias a Dios, era un pedazo de árbol (de esos centenarios, como diría la Baronesa), y lo ví a tiempo de frenar. Un puñado de curiosos y demás viandantes, se acercaron a mi coche, me abrieron la puerta, y después de preguntarme si estaba bien (comprobando que el coche no tenía ni un rasguño), comentaban: “De menuda te has librado, hermosa”…Y qué gran verdad. Si no llego a ver esos cientos de ramas moverse extrañamente hacia la calzada, quizá no estaría escribiendo tan alegremente estas palabras. En seguida, el cuerpo de bomberos (grandes cuerpos, todo sea dicho), que se pusieron como locos a talar por todas las partes. De paso, se dieron cuenta que el árbol había levantado parte de la calzada, y con ella tuberías de agua y ¿gas?. Lo último lo dijeron muy bajito. Supongo que para no sembrar el pánico. Pero yo lo oí; quizá por que vallaron la zona de seguridad, y dentro de las cintas donde se encontraba la susodicha zona, estaba yo y mi santo coche. Bueno, yo salí de ahí escopetada en cuanto oí lo del gas. Cada vez más coches quedábamos atrapados en la pequeña calle. Y ya se sabe cómo es Madrid, durante un rato, la gente pitaba como locos…hasta que se daban cuenta que un árbol había bloqueado la calle. Entonces se bajaban y curioseaban un rato. Veían mi coche, en el centro de la zona vallada, y se miraban con caras raras.
Después de una hora de ver cortar ramas y ramas, le dije al bombero jefe: “Sr. Bombero, ¿podré salir de aquí esta noche..?” Me miró con cara ácida, y me gritó: “¡Salga de la zona de seguridad!”. Entonces miré para atrás y con cara de susto, le dije: “Ése es mi coche”. Se debió apiadar de mí, y me dijo que esperara a la policía. Unos cincuenta coches debían dar marcha atrás para que yo pudiera salir de allí. Y así, una hora y diez minutos después, se dignó a aparecer la policía, que tras mi súplica (y mi cara de querer salir de una zona de seguridad que según el bombero jefe podía levantarse por la presión del agua), cortó la entrada a la calle y organizó el tinglao para que yo y los cincuenta mirones conductores, diéramos marcha atrás todo lo larga que es la calle.
Y mientras cortaban y talaban…según me alejaba marcha atrás del inminente peligro que proclamaba el bombero jefe, me acordé de la mosquetera currucucu, de la Baronesa, y los Morancos imitándola…y me acordé del “NO A LA TALA!”, aunque anoche, ni siquiera la Baronesa, se habría atrevido a gritarlo.
Así que ya sabéis, niños y niñas, mirad la arboleda mientras circuláis. Y sed buenos. Besitos!
El cualquier caso, anoche no pude unirme al grito de la Baronesa. Cogí el coche para ir a ver a mi amigos “Ludwig” y al “Amante de las sandalias”, cuando de repente, en mitad de una pequeña calle cercana a mi casa, veo que un árbol se avalancha sobre mí. Gracias a Dios, era un pedazo de árbol (de esos centenarios, como diría la Baronesa), y lo ví a tiempo de frenar. Un puñado de curiosos y demás viandantes, se acercaron a mi coche, me abrieron la puerta, y después de preguntarme si estaba bien (comprobando que el coche no tenía ni un rasguño), comentaban: “De menuda te has librado, hermosa”…Y qué gran verdad. Si no llego a ver esos cientos de ramas moverse extrañamente hacia la calzada, quizá no estaría escribiendo tan alegremente estas palabras. En seguida, el cuerpo de bomberos (grandes cuerpos, todo sea dicho), que se pusieron como locos a talar por todas las partes. De paso, se dieron cuenta que el árbol había levantado parte de la calzada, y con ella tuberías de agua y ¿gas?. Lo último lo dijeron muy bajito. Supongo que para no sembrar el pánico. Pero yo lo oí; quizá por que vallaron la zona de seguridad, y dentro de las cintas donde se encontraba la susodicha zona, estaba yo y mi santo coche. Bueno, yo salí de ahí escopetada en cuanto oí lo del gas. Cada vez más coches quedábamos atrapados en la pequeña calle. Y ya se sabe cómo es Madrid, durante un rato, la gente pitaba como locos…hasta que se daban cuenta que un árbol había bloqueado la calle. Entonces se bajaban y curioseaban un rato. Veían mi coche, en el centro de la zona vallada, y se miraban con caras raras.
Después de una hora de ver cortar ramas y ramas, le dije al bombero jefe: “Sr. Bombero, ¿podré salir de aquí esta noche..?” Me miró con cara ácida, y me gritó: “¡Salga de la zona de seguridad!”. Entonces miré para atrás y con cara de susto, le dije: “Ése es mi coche”. Se debió apiadar de mí, y me dijo que esperara a la policía. Unos cincuenta coches debían dar marcha atrás para que yo pudiera salir de allí. Y así, una hora y diez minutos después, se dignó a aparecer la policía, que tras mi súplica (y mi cara de querer salir de una zona de seguridad que según el bombero jefe podía levantarse por la presión del agua), cortó la entrada a la calle y organizó el tinglao para que yo y los cincuenta mirones conductores, diéramos marcha atrás todo lo larga que es la calle.
Y mientras cortaban y talaban…según me alejaba marcha atrás del inminente peligro que proclamaba el bombero jefe, me acordé de la mosquetera currucucu, de la Baronesa, y los Morancos imitándola…y me acordé del “NO A LA TALA!”, aunque anoche, ni siquiera la Baronesa, se habría atrevido a gritarlo.
Así que ya sabéis, niños y niñas, mirad la arboleda mientras circuláis. Y sed buenos. Besitos!
